miércoles, 13 de agosto de 2014

contra la interpretación

Anoche soñé que era jesús. No Dios, Jesús. Pero no lo sabía. Estaba en mi estación de metro preferida en Paris,  Arts et Métiers,  que con su revestimiento cobrizo hacia la escena doblemente irreal. Entonces estaba esperando el subte como todas las personas que se paran al lado de un andén de subte. Solo que no eran cualquier persona.  Un hombre de blanco radiante y con luz propia (en sentido literal, es decir, en el sentido literal que permite el verosimil onírico) se me acercó levitando - aunque no estoy del todo segura - y me dijo :"- Estamos esperando a los mesías". - Pero vos sos ¿no? - No, yo soy solo el informante. - Dale, así de blanco quién vas a ser sino?".  El sospechado Dios sin sentido del humor hizo de cuenta que no escuchó nada,  dio una pitada a su cigarrillo electrónico y continuó: " - El mesias de los musulmanes está viniendo en el próximo tren, y el de los judios ya llegó, está allá,  ¿lo ves?",  dijo señalando con su cabeza (creo que además era albino) a un hombre a pasos nuestros. Miré por encima pero no recuerdo haber visto nada parecido a un mesias judio, aún así asentí con la cabeza, por cortesía.  En realidad miraba el reloj que marca en cuanto tiempo llega el próximo tren,  fue entonces que noté la primera irregularidad (porque confundir con Dios a un albino con luz propia estaba fuera de cuestión).  El reloj se había enloquecido. El tiempo (una vez más) había entrado en crisis marcando una serie de incoherencias que nada tenían que ver con números. Me volví sobre el no-Dios albino y sin sentido del humor con miedo, sospechaba que algo tenía que ver con aquella siniestra tergiversación. "- Te estábamos esperando, ahora estamos todos. Vos sos el tercer mesías, sos Jesús". - Pero no puede ser, yo soy Sofia", enuncié, como queriendo afirmar lo absurdo. Porque en mi sueño, además de crédula era una completa ignorante de la historia de las religiones. Pero a los fines de la diégesis (palabra para la que jamás encuentro ocasión de utilizar) y que el relato avance y por ende para seguir durmiendo (porque el sueño es el guardián del dormir), no hubo ningún tipo de corrección histórica o de corrección a secas. En cambio hubo una transformación rotunda, irrefutable: Yo era Jesús.

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