jueves, 11 de abril de 2013

Instrucciones de mi superyó para un mejor yo.

Basta Sofía. Concentrate. Lavá los platos, empecemos por ahí. Arreglá el teclado de tu computadora. O llevala a arreglar. Ya que estás, llama a un persianero, que te arregle esa persiana y así tu pieza deja de parecer una villa con esa frazada con la que cubrís la ventana, no porque te importe que te vean tus vecinos sino por tu fotofobia matutina que se manifiesta con los primeros rayos del alba. Basta.
Podrías también empezar a cambiar tus hábitos alimenticios y ser un poco menos hipocondríaca.  Comete esa manzana, aunque te aburra comer manzanas. Esa rúcula que cuidadosamente guardaste en ese tupper miniatura con forma de naranja que no sirve ni para guardar naranjas ya debe haber empezado su proceso de descomposición. Bravo.
Dejá de hacerte la víctima, no te queda bien aunque algo de vos crea que a algunos pueda parecerle simpático. No lo es. Terminá de leer ese libro de una puta vez. Terminá de leer algo.
Dejá de pensar por los otros, es decir, de proyectar en otros lo que vos pensas que piensan de vos, es decir, de ser tan egocéntrica. O tan insegura.  A nadie le importa lo que vos pienses que ellos piensan de vos, y definitivamente esta manera de pensar no te vuelve "diferente", sino mas bien una neurótica engreída.
Escuchá cuando te hablan, a quien sea,  aunque no te interese lo que digan. Quizás aprendas algo.
Dejá de buscar respuestas en los horóscopos y solo prestarle atencion a los que te convienen y automáticamente pensar que fueron escritos especialmente para vos. Es increible lo ingenua que podes ser a veces. Aún no sabemos si esto es una debilidad, lo veremos mas tarde.
Mientras tanto, andá a dormir. Estás cansada porque anoche te tomaste una botella de vino casi entera vos sola y te quedaste chateando hasta las 2 am.
Realmente quiero amigarme con vos, hacer las paces, que estemos en armonía. Pero a veces me lo hacés muy dificil, otras simplemente me divierto viéndote hacer el ridículo porque sé que después me venis a llorar. Por suerte yo soy apenas una entidad teórica, pero reconozco que a veces envidio tu condición de existencia.