lunes, 25 de febrero de 2013

Lunes

- Me gusta tu departamento.
- Gracias, a mi también.
Se quedaron callados. No fue un silencio memorable, no fue de esos silencios.
 ¿Querés tomar algo?
 ¿Qué tenés?
- Algo de fernet. Y un poco de pomelo.
 ¿Fernelo?
- Si.

- Me gusta la disposición de...las cosas.
- Gracias ( ¿gracias?). Antes las paredes estaban pintadas con colores horribles, tenían círculos, rombos.
Pinté todo de blanco.
- Me gusta, queda bien. Tiene onda.

Ella se levantó y fue a la cocina, él la esperó en el sillón.  Aprovechó para acomodar su postura,  algo no estaba bien.  Se sentía desnivelado, el costado izquierdo estaba levemente más aplastado que el derecho y no encontraba el lugar adecuado para apoyar sus manos. El apoya brazos era muy bajo, demasiado geométrico, excesivamente blanco. Intentó emparejarlo presionando hacia abajo su muslo derecho. El sillón crujió (era de cuero ecológico). Deslizó su mano derecha por el almohadón cuadrado, cualunque, infranqueable. Estaba frío, casi rugoso.
Sí, el sillón lo expulsaba.